Las cosas pequeñas

Alguno de nosotros somos tan limitados que no valoramos las pequeñas cosas de la vida, o por lo menos, no lo hacemos, hasta que las hemos perdido.

Hoy, observando como Marta ríe a carcajadas mientras acaricia la hoja de un bonsai, reflexiono sobre el por qué nosotros pasamos delante de un árbol sin mirarlo o aunque lo miremos, desde luego, no lo vemos.

Marta nos está permitiendo redescubrir las pequeñas cosas, porque ella las mira y las ve todas. No hay una sola cosa que se le pase desapercibida a pesar de que es una nenita pequeña. Abre sus ojos preciosos y sonríe. Sonríe todo el rato y ríe a carcajadas cuando tiene un trozo de pan en la mano aunque no lo pueda comer, cuando moja su manita en el agua de un estanque, cuando se le salen los ojos de las órbitas al tener un globo, cuando juega con un simple tapón o cuando su papá pasa nadando por delante de donde ella está.

Es una suerte que podamos volver a vivirlo y valorarlo todo a través de sus ojos. Marta nos va a permitir disfrutar de todas las pequeñas cosas de cada día, que, en definitiva, son la esencia de nuestra existencia.

Marta parece querer recordarnos que no tenemos que cometer la torpeza de no dar gracias por todo ello. Tenemos que ser conscientes y debemos dar gracias a Dios por tener todas estas cosas, porque por desgracia, hay muchas personas que no las tienen.

Marta da las gracias con su risa cada minuto por todo lo que de repente ha recibido, aunque ella siga de momento, sin entender nada.

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